La extraña nueva ansiedad de la perimenopausia

El año pasado gestionaste una crisis laboral sin pestañear. Ahora un pequeño retraso (una respuesta tardía, una llamada perdida) hace que se te acelere el corazón.

A muchas mujeres la ansiedad les pilla por sorpresa durante la (peri)menopausia, algunas por primera vez, otras como el regreso de algo que ya creían haber superado. Lo inquietante es que muchas veces se siente diferente esta vez: más física, más intensa, más difícil de predecir.

Tu sistema nervioso se siente más reactivo. Tu tolerancia al estrés está más baja.

Las cosas pequeñas de repente se sienten enormes. Y como la ansiedad no siempre se menciona como un síntoma de la (peri)menopausia, muchas mujeres no la relacionan con sus hormonas, lo que hace que todo resulte aún más confuso y aislante.

Qué tienen que ver las hormonas en todo esto

El estrógeno ayuda a regular la serotonina y la dopamina, los químicos implicados en el estado de ánimo, la motivación y la resiliencia al estrés. También ayuda a mantener bajo control el sistema de respuesta al estrés del cuerpo. A medida que el estrógeno fluctúa y disminuye, el sistema nervioso se vuelve más sensible, y hormonas del estrés como el cortisol pueden dispararse con más facilidad o tardar más en calmarse después de un momento estresante.

La progesterona también tiene un efecto calmante en el cerebro. A medida que baja, muchas mujeres notan que se sienten más aceleradas, inquietas, irritables o emocionalmente reactivas. Algunas mujeres descubren que la progesterona usada en la terapia hormonal realmente ayuda, mejorando el sueño y reduciendo ese zumbido constante de hiperactivación del sistema nervioso.

El testosterona también disminuye durante esta etapa, y aunque su papel principal está más relacionado con la energía y la motivación que con la ansiedad en sí, su descenso añade carga a un sistema nervioso que ya está trabajando más de lo habitual.

La ansiedad muchas veces es lo que ocurre cuando tus hormonas cambian y el ritmo del día a día no da tregua.

Cómo se puede manifestar

No siempre es ansiedad o pánico obvios. Puede aparecer como:

  • Pensamientos acelerados o darle demasiadas vueltas a las cosas

  • Sentirte constantemente "con los nervios de punta"

  • Palpitaciones o sensación de opresión en el pecho

  • Oleadas repentinas de temor, pánico o subidas de adrenalina

  • Despertarte por la noche o de madrugada con ansiedad

  • Sentirte sobreestimulada, como si no pudieras afrontarlo de la forma en que solías hacerlo

Si has lidiado con el síndrome premenstrual, el TDPM o la ansiedad posparto antes, puede que ahora seas más sensible a estos cambios hormonales, por eso tantas mujeres dicen: "Ya había tenido ansiedad antes, pero esto se siente diferente."

Los cambios hormonales realmente alteran la forma en que el cerebro procesa el estrés.

El círculo vicioso del sueño y la ansiedad

Súmale la falta de sueño, los sudores nocturnos, el estrés laboral, el cuidado de otros y la carga general de la mediana edad, y el estrés del día a día empieza a sentirse desproporcionadamente difícil de manejar. Los sudores nocturnos o despertarte temprano fragmentan tu sueño. Dormir mal hace que tu sistema nervioso esté más reactivo al día siguiente. Más reactividad hace que te cueste más desconectar por la noche, así que tu mente empieza a catastrofizar a las 3 de la madrugada en lugar de dormir. Lo cual empeora el sueño. Lo cual empeora la ansiedad.

El estrés crónico hace lo mismo por sí solo: si el cuerpo está bajo presión el tiempo suficiente, le cuesta más volver a su punto de equilibrio. La buena noticia es que este ciclo se puede romper. El sueño y el estrés son dos de las palancas más directas sobre las que sí tienes cierto control.

Nada de esto significa que estés haciendo algo mal. No eres demasiado sensible. No estás exagerando. No te está fallando la cabeza. Eres una mujer en la (peri)menopausia. Tu sistema nervioso se está reajustando en respuesta a un cambio hormonal real. Y estás haciendo todo esto mientras gestionas tu carrera, tus relaciones, a padres que envejecen, adolescentes, y todo lo demás que trae consigo la mediana edad.


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