La perimenopausia no solo la cambia a ella. También puede cambiar vuestra relación
¿Qué pasa cuando la persona que quieres está cambiando y ninguno de los dos tiene las palabras para entender por qué?
Son las 2 de la madrugada y ella vuelve a estar mirando al techo. No es la primera vez este mes. Por la mañana saltará por algo insignificante, se disculpará una hora después y ninguno de los dos sabrá muy bien qué ha pasado. Días más tarde cancelará unos planes que le apetecían, o se quedará en blanco a mitad de una frase buscando una palabra que ha utilizado mil veces, y lo quitará importancia como si no fuera nada.
Tú puedes pensar que es estrés o que simplemente está agotada. Ella puede pensar lo mismo, mientras se pregunta en silencio si se está volviendo loca. Nada en su vida ha cambiado lo suficiente como para explicarlo y, sin embargo, su sueño, su paciencia, su concentración y su cuerpo empiezan a resultarle desconocidos. Puede que ninguno de los dos piense en relacionarlo con las hormonas.
Probablemente los dos conocéis la palabra menopausia. Y quizá pensáis que es algo que ocurre más adelante, normalmente en los 50 o 60 años. Lo que quizá no sabéis es que antes existe toda una etapa de transición llamada perimenopausia. Empieza años antes, a veces hasta una década antes de la menopausia, y puede afectar a muchas más áreas de su vida de lo que cualquiera de los dos imagina.
Por eso, cuando estos cambios empiezan a aparecer a finales de los 30 o principios de los 40, pueden parecer completamente inesperados. La perimenopausia probablemente ni siquiera esté en su radar. Puede que su médico no reconozca el patrón, y quizá su madre nunca tuvo la información necesaria para entender lo que le estaba pasando a ella misma.
Mientras tanto, ella está en plena carrera profesional, con hijos, familia, pareja, quizá cuidando también de padres que envejecen. La vida ya está llena. Así que hace lo que hacemos tantas mujeres: seguir adelante, tirar de todo y preguntarse por qué, de repente, todo parece más difícil.
Puede que ni siquiera se dé cuenta de cuánto está afectando a su día a día. Simplemente siente que ya no es ella misma.
Esa incertidumbre no se queda solo en ella. Afecta a cómo afrontáis juntos todo lo que está cambiando y puede generar tensión en la relación casi sin que os deis cuenta. Entender qué está pasando os da la oportunidad de que tú seas el aliado que ella necesita, en lugar de dejar que la confusión decida cómo respondéis.
Es mucho más que un cambio en la regla
Sofocos, alteraciones del sueño, niebla mental, cambios de ánimo, dolores de cabeza o migrañas y cambios en el deseo sexual pueden aparecer durante la perimenopausia. Y luego están esas cosas que casi nadie pensaría relacionar con las hormonas: dientes más sensibles o encías doloridas, mareos, zumbidos en los oídos, dolor muscular o articular, cambios en la piel y el cabello, palpitaciones, sensación de hormigueo o de que algo camina sobre la piel, o una mayor sensibilidad al alcohol que antes.
La experiencia puede ser muy diferente de una mujer a otra. Nada sigue un patrón ordenado. Los síntomas pueden aparecer y desaparecer, presentarse varios a la vez, mejorar durante un tiempo y volver después. Una semana puede ser completamente distinta de la siguiente.
Esa imprevisibilidad es una de las razones por las que la perimenopausia se pasa por alto con tanta frecuencia. No existe una única lista de síntomas ni una prueba que por sí sola pueda confirmarla. Lo que parecen varios problemas sin relación entre sí pueden formar parte de la misma transición hormonal y manifestarse en diferentes partes del cuerpo al mismo tiempo.
Y tampoco es una etapa corta. La perimenopausia suele desarrollarse a lo largo de varios años, con una duración media de unos 4 a 7 años. La menopausia, en cambio, es un momento concreto: la última menstruación, que se confirma después de 12 meses consecutivos sin volver a tenerla. A partir de ahí, la mujer está en la posmenopausia.
Cuando todo cuesta más
El estrógeno y la progesterona están estrechamente relacionados con el cerebro y el sistema nervioso. Influyen en el estado de ánimo, la memoria, la concentración y la forma en que el cuerpo responde al estrés. Durante la perimenopausia, estas hormonas pueden fluctuar considerablemente, afectando a cómo piensa, cómo se siente y cómo funciona en su día a día. Y después está el sueño. Los cambios hormonales pueden alterarlo y dormir mal puede amplificar casi todo lo demás: la irritabilidad, la niebla mental, el estado de ánimo... todo.
Y las exigencias de la vida no desaparecen. El mismo trabajo, los hijos, los padres que envejecen, la relación y toda esa carga mental siguen ahí. Ella no es menos capaz. Simplemente tiene menos margen: menos capacidad de recuperación, menos energía de reserva. La suma de todo lo que está viviendo puede afectar directamente a cómo se desenvuelve en su día a día. Y las personas más cercanas también notan ese cambio. Puede sentirse más desbordada, tener menos paciencia, estar más ansiosa, romper a llorar de repente o empezar a alejarse de cosas que normalmente disfruta.
El cuerpo cambia. También lo hacen cosas que no se ven
Parte de todo esto se refleja en el espejo. Su cuerpo puede empezar a resultarle diferente: la ropa le queda de otra manera o la grasa empieza a acumularse en lugares nuevos.Con la edad cambian de forma natural la masa muscular y el gasto energético, mientras que los cambios hormonales de la perimenopausia pueden influir en la cantidad de grasa que se almacena, dónde se acumula y el tipo de grasa que aumenta.
La combinación puede resultar realmente frustrante: haces el mismo esfuerzo y obtienes un resultado diferente. No es falta de fuerza de voluntad. Su fisiología está cambiando. Y algunas de las cosas que están ocurriendo ni siquiera se pueden ver. Pueden producirse cambios en el colesterol y los triglicéridos, puede verse afectada la sensibilidad a la insulina y el remodelado óseo aumenta de forma importante en los años previos a la última menstruación, acelerándose la pérdida de densidad ósea alrededor de la menopausia.
Puede no haber ninguna señal evidente de que todo esto esté ocurriendo, pero sigue siendo importante. Esta es una etapa de inflexión en su salud, no simplemente una época difícil de su vida. Lo que está experimentando importa ahora, pero también puede tener implicaciones para su salud en los años que vienen.
Y después está la intimidad
El deseo nunca depende de una sola cosa. Es una combinación de factores físicos, psicológicos y relacionados con la propia relación. Cómo se siente en su cuerpo, cómo está durmiendo, el estrés, lo que está ocurriendo entre vosotros, cómo os comunicáis y si el sexo resulta doloroso pueden influir.
A medida que el estrógeno fluctúa y finalmente disminuye, los tejidos vaginales y vulvares pueden volverse más secos y menos elásticos, haciendo que las relaciones sexuales resulten incómodas o dolorosas.También puede estar experimentando cosas que nunca habría pensado relacionar con las hormonas: necesitar orinar con más frecuencia, tener una necesidad repentina y difícil de controlar de ir al baño, pequeñas pérdidas al toser o saltar, picor o irritación vaginal o infecciones urinarias recurrentes.Todo esto forma parte del síndrome genitourinario de la menopausia, conocido como GSM por sus siglas en inglés. Es frecuente y tiene tratamiento.
Desde tu lado, un cambio en el sexo o en el afecto puede sentirse como algo personal. Puedes preguntarte si ha perdido el interés por ti o si algo ha cambiado entre vosotros. Pregúntale en lugar de darlo por hecho.¿Qué siente diferente? ¿Qué necesita ahora? La intimidad puede cambiar durante esta transición, pero no tiene por qué desaparecer.
Qué significa realmente apoyar
No tienes que tener todas las respuestas. Lo importante es entender lo que está viviendo y saber que tu manera de responder importa.
Escucha primero. Soluciona después, si hace falta. La mayoría de las veces no está buscando una solución. Quiere poder decir en voz alta algo que le está resultando difícil sin que inmediatamente intentes hacer que desaparezca.
Quítale una cosa concreta de encima. No un vago «te ayudaré más». Algo específico: tú cocinas los martes, te encargas de recoger a los niños del colegio o te conviertes en su compañero de gimnasio los sábados.
Proteged su sueño como un proyecto de los dos. Tómatelo en serio. Una racha de malas noches puede afectar a mucho más que a su energía.
Sé su aliado. Acompáñala a las citas si quiere que estés allí. Ayúdala a preparar las preguntas antes y toma notas durante la consulta. Hay muchísimo que asimilar cuando eres tú quien está pasando por todo esto. Si no la están escuchando, alza la voz junto a ella. Tener a alguien de su lado puede marcar la diferencia entre salir de una consulta con un plan o salir con más preguntas que respuestas.
Seguid conectados. Si ella se distancia, no decidas en silencio lo que eso significa sobre vuestra relación. Pregunta. Interésate.
Sigue aprendiendo. Esta transición dura años. Un artículo, una conversación o una consulta no van a explicarlo todo. Cuanto más entiendas, mejor podrás apoyarla en sus decisiones y animarla a buscar atención sanitaria informada cuando la necesite.
Y no termina con tu pareja
Lo que aprendas aquí no se queda solo en ella. Cambia lo que empiezas a reconocer en las mujeres que te rodean: una hermana que no deja de decir que está agotada, una amiga que ha dejado de hacer planes, una compañera de trabajo que parece no ser ella misma. No necesitas diagnosticar lo que está pasando. Solo necesitas saber lo suficiente como para no descartarlo.
Quizá escuches de otra manera. Puedes compartir algo que hayas aprendido cuando ella saque el tema. Puedes orientarla hacia información fiable o hacia profesionales con formación en menopausia cuando esté buscando ayuda.A veces, ser la persona que dice «he leído que esto puede pasar durante la perimenopausia» es suficiente para abrir una puerta.
La perimenopausia puede ser una transición larga y difícil, y las mujeres no siempre tienen la información ni el apoyo que necesitan. Tener alrededor personas que entienden lo que está pasando y que no les hacen sentir que se lo están imaginando puede hacer que todo resulte un poco menos solitario.
Otra forma de afrontarlo
La perimenopausia es una transición importante en la vida de una mujer. También puede serlo para una relación.Tener las palabras para entender lo que está pasando puede cambiar la manera en que los dos lo afrontáis.
Ninguno de los dos aprendió esto. Ahora estáis aprendiendo juntos.Prestad atención a lo que cambia y no deis por hecho que la respuesta de ayer sigue siendo la de hoy. Reconoced cuándo algo supera lo que podéis resolver solos y no tengáis miedo de pedir ayuda.
No puedes solucionar la perimenopausia, ni necesitas convertirte en experto en menopausia. Sé su aliado. Entiende lo que está pasando, mantén la curiosidad y sigue estando ahí. El objetivo no es atravesar la perimenopausia sin que afecte a vuestra relación. Es entenderla lo suficiente como para que no se interponga entre vosotros.